31 de octubre de 2014

Duchamp o el arte de los objetos cotidianos


Por Humberto Acciarressi

Durante un largo tiempo, hasta su amigos lo miraron con cierta desconfianza. Y eso que entre otros fue compinche de Picasso, Braque y Matisse. En realidad todo estuvo bien hasta el día en que presentó como obra de arte un mingitorio de porcelana comprado en una feria callejera. Como se sabe, Marcel Duchamp bautizó esa pieza como “Fuente” y la envió a la Exposición de los Independientes de París. Ese fue el inicio de la gran polémica acerca de la definición de “obra de arte”. Durante los años de su vida (nació el 28 de julio de 1887 en Blainville-sur-Crevon y murió en París el 2 de octubre de 1968), Duchamp vivió pendiente de una pregunta que aún no tiene respuesta: ¿un objeto cualquiera, cotidiano, banal, pero con la firma de un artista, puede ser considerado arte? Y precisamente en la ausencia de una respuesta a ese interrogante radica la revolución de este francés. En la descontextualización de los objetos alejados de su función primaria, sea una percha, un inodoro o una botella.

Para nosotros, argentinos, el vagabundear de este creador tiene un hito de importancia: su estadía en Buenos Aires en 1918 y 1919, cuando llegó escapando de la primera gran guerra del siglo XX. Siguió creando, nunca una obra era igual a la anterior, y se fue afirmando en su idea de no pertenecer a ningún grupo o escuela estética. Cuando dejó la Argentina y marchó nuevamente a Paris, alternó la escultura con el diseño, la píntura con la curaduría de muestras, la relación con los surrealistas (por ejemplo con Andre Breton) y su agitada vida personal. De su gran amistad con Man Ray quedan decenas de fotos, una de las cuales lo muestra vestido de mujer, y muchas cartas.

Toda su carrera artística estuvo intercalada por su gran pasión: el ajedrez. Fue un excelente jugador e intervino en campeonatos franceses e internacionales ocupando siempre lugares destacados. Era un verdadero personaje difícil de encasillar. En los años cuarenta hizo miniaturas de todas sus obras, las metió en una valija e ideó el concepto de “museo portátil”. Fue, además, el primero en cuestionar de raíz la materialidad de la obra, con lo cual se lo puede considerar de padre de muchos de los artistas contemporáneos. El dadaismo, el Pop Art, el arte conceptual, creadores como Warhol y John Cage, tienen a Duchamp en sus raices. A su muerte, y siguiendo su pedido, en su lápida del cementerio de Ruan se grabó la siguiente inscripción: "Por otra parte, los que mueren son siempre los demás".

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)




DUCHAMP JUGANDO AL AJEDREZ

MONA LISA CON BIGOTE
DUCHAMP, VESTIDO DE MUJER, FOTOGRAFIADO POR MAN RAY