28 de febrero de 2014

George Harrison, en recuerdo de su obra


Por Humberto Acciarressi

A George Harrison, de cuyo nacimiento en Liverpool se cumple un aniversario, le ocurrió algo similar a Ringo Starr: tuvo la "mala suerte" -obviamente es una licencia llevada al extremo- de tocar y hacer sus propias canciones, junto al más grande dúo de compositores de música popular que tuvo el siglo XX: John Lennon y Paul McCartney. Se dirá, con razón, que con los Beatles pudo grabar algunos temas como"Something", "Here Come The Sun" o "While My Guitar Gently Weeps". Pero no es menos cierto que el propio Lennon, en la última entrevista que concedió antes de ser asesinado, se mostró molesto con George y lo expresó con una frase muy dura. Hablando de la autobiografía de Harrison, John dice -más o menos- que "en ella nombra hasta el último pelagato que conoció", y se queja que no haya menciones a él. Y acota: "Gracias a mí siempre pudo grabar alguno de sus temas en el Lado B de nuestros discos".

Esa opinión de John, compartida entonces por Paul como resulta obvio, no impidió que tanto él como Ringo fueran beatles de la más pura estirpe. Pero sus influencias repercutieron hacia dentro -con sus acercamientos al Hare Krishna y con la música oriental que le aportó al grupo, incluso mucho más alla del uso de la sítara-, y en el sonido magistral de su guitarra, pocas veces tan característico (Brian May, de Queen, es otro de sonido inconfundible). Agreguemos, de paso, que la batería de Ringo -aparentemente secundaria- es una de las más brillantes del pop y del rock, y ese sonido "a tren" tan especial es único (escuchar "Strawberry Fields Forever" para entender el concepto). Ambos, más John y Paul, fueron cuatro artistas tocados por la varita mágica, esa que las musas utilizan sólo de cuando en cuando.

Cuando llegó la ruptura en 1970, Paul y Lennon siguieron con sus proyectos individuales. Estos son muy conocidos, aunque en el caso de John con un paréntesis de cinco años que se tomó para alejarse de todo hacia 1975, y que recién retomó para editar "Doble fantasía" y enfrentarse a las balas de Mark Chapman. McCartney prosiguió con canciones archivadas y nuevas, aunque dado al demasiado afecto al viejo público, sin poder desprenderse de su pasado beatle, algo que John hizo al día siguiente de la lamentada separación. En ese marco, Ringo fue de proyecto en proyecto, unos buenos y otros no tanto, pero George sí se dedicó con entusiasmo a componer todo lo que antes no había podido, y a grabar grandes sesiones con músicos como Ravi Shankar, Bob Dylan, Eric Clapton (quien le "robó" la esposa, Pattie Boyd, a quien George había conocido en la filmación de "Anochecer de un día agitado"), Billi Preston, Klaus Voormann, el propio Ringo, etc. Luego del adiós a los Beatles publicó su álbum "All Things Must Pass", el primer LP triple de la historia, que alcanzó seis discos de platino y numerosos primeros puestos en los charts.

Hay que destacar, además, que George Harrison fue el primer músico en organizar un recital benéfico, en su caso a escala planetaria, que se tradujo en el disco triple "Concierto para Bangladesh". Siguieron años de altibajos -especialmente con la aparición del punk-, pero luego volvió al ruedo. Siguió editando, a veces en forma casi secreta, como si fuera un espía, ya que el crimen de John le dejó un irrefrenable miedo de morir de igual manera. De hecho, fue atacado años más tarde con una navaja en su propia mansión, por un demente que dijo estar poseído por el propio George. Hizo giras con Clapton -a pesar de las desavenencias por Pattie-, y se reunió con Paul y Ringo para trabajar en la monumental "Anthology". Todo paralelo, claro, a la publicación de sus propios discos.

A mediados de los años 90 le apareció un cáncer en la boca y más tarde en un pulmón. Lo operaron varias veces. La enfermedad reapareció en el 2001 y cuando se enteró que era terminal resolvió seguir grabando y trabajando en proyectos futuros. Su panteísmo lo ayudo bastante a sobrellevar los últimos momentos, sobre todo cuando la enfermedad hizo metástasis en el cerebro y le dieron apenas unos días. Falleció el 29 de noviembre de ese año, mientras se alojaba en una mansión de Paul en Los Angeles. Dicen que sus cenizas fueron arrojadas al Ganges, pero esto nunca fue confirmado por su familia. La vida del más joven de los Beatles había comenzado el 25 de febrero de 1943. Es decir que, de vivir, ahora estaría cumpliendo 71 años.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)