28 de octubre de 2013

El Buenos Aires de Sameer Makarius


Por Humberto Acciarressi

Su madre era alemana, su padre, egipcio. El nació en El Cairo, vivió su infancia y juventud en Alemania y Hungría, y más tarde pasó un tiempo en Suiza y Paris. En 1953, a los 29 años (a los veinte ya había participado en la Primera Exposición de Arte no Figurativo, en Budapest), Sameer Makarius se radicó en la Argentina, donde no sólo falleció en agosto del 2009, sino que además se convirtió en uno de los referentes de la fotografía y la cultura nacional. Y lo fue hasta tal punto que escribió el primer ensayo publicado en el país sobre fotografía argentina desde 1840 hasta 1981, además de "Buenos Aires y su gente" (1960) y "Buenos Aires, Mi Ciudad" (1963).

Cofundador del Grupo húngaro de arte concreto y miembro de la Escuela Europea, en nuestra ciudad formó un grupo de fotógrafos (Forum) dedicado a promover la fotografía como arte. "Cuando llegué al país y bajé del barco, tenía colgada mi Leica” recordaba poco antes de morir. Vinculado a las vanguardias artísticas, especialmente de la fotografía y la pintura (realizó más de 5.000 retratos, entre ellos de Jorge de la Vega, Marta Minujin, Rogelio Polesello, Raquel Forner y Raúl Soldi), primero con la cámara con la que llegó y luego con otras, Makarius fue gatillándolas para tomar momentos de una Buenos Aires que ya no existe, pero que aún mantiene su esencia. Con suerte, aún puede encontrarse alguna primera edición de Eudeba de "Buenos Aires, mi ciudad" en las librerías de viejo. Vale aclarar que esta obra vendió 67 mil ejemplares en tres años y le dio un gran impulso a la foto como fenómeno cultural.

En la actualidad, la obra de Makarius se está exponiendo simultáneamente en la Galería Kicken de Berlin y el Tate Modern de Londres (hasta abril de 2014), además de la porteña muestra en The Art Galery (Uruguay 067) y en la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Valentín Gómez 4838, Caseros, hasta medidos de diciembre). En estas últimas, los amantes de la fotografía, la plástica y del arte con mayúsculas, pueden disfrutar de una parte de la obra de este creador multifacético que un día llegó a Buenos Aires para quedarse para siempre e inmortalizarla en su esencia.

(Esta columna fue publicada en el diario La Razón y también podés leerla acá)